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Vacunas: cinco preguntas y respuestas que despejan las dudas más frecuentes

La aprobación de las diferentes fórmulas y el comienzo de su aplicación en los grupos de riesgo brinda un ansiado alivio en plena pandemia. Sin embargo, parte de la población sigue teniendo algunos reparos. Infobae intentó despejar con especialistas algunos de las más comunes

Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, el hallazgo de una vacuna segura y eficaz para prevenir la enfermedad se convirtió en el objetivo que la ciencia comenzó a perseguir sin descanso. El fin de esta situación que dejó al mundo en pausa allá por el 11 de marzo de 2020 se iniciaría el día que la población mundial empiece a ser inmunizada contra el nuevo coronavirus.

Pese a lo tan anheladas, el tiempo récord en la historia de las vacunas en que éstas fueron producidas, sumado al uso de tecnologías que nunca antes se habían empleado en este tipo de fármacos y cuestiones más cotidianas como el planteo de hasta qué punto las vacunas nos devolverían la “normalidad” tal como la conocíamos, llevaron a que no sean pocos los que plantearan sus dudas frente a estas formulaciones y hasta se mostraran reticentes a ser inmunizados.

Infobae consultó a expertos infectólogos y epidemiólogos y les transmitió cinco de las preguntas más recurrentes para intentar arrojar algo de luz en un tema tan sensible por estos días.

– ¿Puede una persona seguir contagiando después de recibir la vacuna?

Para el médico infectólogo Roberto Debbag (MN 60253) “si uno recibe una vacuna puede no enfermarse, pero también puede ser que se enferme y que no tenga sintomatología o tenga un cuadro leve y que esa infección genere la replicación del virus”.

“Hay documentación de la vacuna Moderna acerca de que que podría tener un impacto en la no transmisión del virus en los vacunados, pero es el único laboratorio que hizo referencia a ese tema”, señaló el vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica, quien destacó que “lo que sí está documentado por Pfizer es que luego de la primera dosis la eficacia es de alrededor del 50%, es decir en países donde se está retrasando la segunda dosis en pos de brindar algo de inmunidad a la mayor cantidad de gente posible es posible que que esas personas tengan 50% de probabilidades de hacer una infección y por ende contagiar a otros”.

El médico epidemiólogo Mario Borini (MN 4.398.636) consideró en tanto que “si la vacuna alcanza un nivel de inmunización adecuado, no habría más agente circulando. Pero si la inmunidad es insuficiente, la persona podría ser portadora y contagiar, pero lo haría con un virus atenuado, de manera que el contagiante inmunizaría al contagiado, salvo que éste tenga una morbilidad previa que le impida con su inmunidad natural controlar al virus”.

De cara a alcanzar la tan ansiada “nueva normalidad”, una de las medidas adoptadas durante la pandemia que la gente más desea desterrar es el uso de la mascarilla (Shutterstock)

– ¿Tiene que seguir usando barbijo alguien que se vacunó?

De cara a alcanzar la tan ansiada “nueva normalidad”, una de las medidas adoptadas durante la pandemia que la gente más desea desterrar es el uso de la mascarilla.

Al parecer, las medidas sanitarias dispuestas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la implementación por los respectivos países siguen siendo normativa para quienes incluso fueron beneficiados con las vacunas utilizadas hasta el momento. La mascarilla, la distancia social y las normas de higiene personal rigen a pesar de haber recibido la vacuna.

Para el médico infectólogo Eduardo López (MN 37.586), “hasta que no se compruebe que las vacunas evitan la colonización del virus, es decir, hasta que proteja de la enfermedad, no es correcto dejar de usar barbijos”.

Esto es en el marco de arribar a la famosa “inmunidad de rebaño”, en la que algunos manifiestan que debería ser del 70% y otros del 75% de la población. Al menos, durante el primer semestre de 2021, seguiremos igual como este año.

En la misma línea, la médica infectóloga y jefa de epidemiología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, Ángela Gentile (MN 49.908), aseguró que no se puede dejar de usar el barbijo. “Deben continuar todas las medidas dispuestas: el lavado de manos, mantener una distancia segura y el uso de máscaras a pesar de haber sido vacunados. Porque la vacunación va a ser escalonada y vamos a necesitar a dos tercios de la población que haya padecido la enfermedad o al menos vacunada para alcanzar la inmunidad de rebaño. Para esto se necesita tiempo. El primer semestre de este año será igual a 2020, seguramente, tanto en Argentina como en todo el mundo”.

Sin embargo, Borini consideró que “el uso del barbijo carece de evidencia entre aparentes sanos, o si se guarda distancia corporal suficiente, o si se circula al aire libre”. Y tras argumentar que el tapabocas “serviría para que lo use alguien enfermo, o un cirujano para evitar recibir o transmitir bacterias mientras opera, o bien el personal de salud en la atención de un paciente contagiante”, destacó que “además, la mayoría de los barbijos en uso está comprobado que no controlan el paso de la partícula viral”.

En ese sentido, para él “el hecho de vacunarse no cambia estas recomendaciones, porque aunque la vacuna pueda haber provocado la producción de anticuerpos, nada asegura que actúen controlando al agente para el cual se inoculó”.

– ¿Cómo genera inmunidad cada una?

Las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna se valen de una nueva y novedosa tecnología de ARN mensajero (Reuters)

La vacuna que Pfizer desarrolla junto BioNTech se trata de una vacuna que utiliza una tecnología innovadora denominada ARN mensajero que se aplica en dos dosis vía intramuscular, la segunda 28 días después de la primera.

Este tipo de vacunas utilizan directamente el código genético de una proteína viral (en este caso se utiliza la proteína espiga) y al ingresar al organismo lleva instrucciones de ADN para que las células del cuerpo humano generen ciertas proteínas protectoras, y al reconocerla se activa el sistema inmunológico.

Hasta el momento no hay vacunas que utilicen esta tecnología y es esta innovadora característica la que hace que requiera ser conservada a -80 grados centígrados.

Al igual que la de Pfizer/BioNTech, la vacuna del laboratorio Moderna es una inoculante que se vale de una nueva y novedosa tecnología de ARN mensajero que pretende revolucionar este sector de la industria farmacéutica.

Se trata de una tecnología genética que durante mucho tiempo fue muy prometedora, pero que hasta ahora se había topado con obstáculos biológicos: una variación ingeniosa de la sustancia natural que dirige la producción de proteínas en las células de todo el cuerpo.

Este componente se fabrica en laboratorio. Mediante la vacuna se inserta en el cuerpo y toma el control de esta maquinaria para fabricar proteínas o antígenos específicos del coronavirus: sus “espículas” o espigas, esas puntas tan características que están en su superficie y le permiten adherirse a las células humanas para penetrarlas.

Sputnik V es una vacuna de vector viral. La desarrollada por el Instituto de Investigación Gamaleya de Rusia es la única que utiliza dos adenovirus humanos como vectores -Ad5 y Ad26-, uno diferente en cada dosis que se dan intramuscularmente con diferencia de 21 días. No posee ningún elemento del coronavirus en su composición, se presenta en forma liofilizada, es decir, como un polvo que se mezcla con un excipiente para disolverlo y luego administrarlo por vía intramuscular.

Los “vectores” son vehículos que pueden introducir material genético de otro virus en una célula. El gen del adenovirus, que es el causante de la infección, se sustrae y en su lugar se inserta un gen con el código de la proteína de otro virus. El elemento insertado es seguro para el organismo y ayuda al sistema inmunológico a reaccionar y producir anticuerpos que nos protegen de la infección.

La Sputnik V desarrollada por el Instituto de Investigación Gamaleya es la única que utiliza dos adenovirus humanos como vectores -Ad5 y Ad26-, uno diferente en cada dosis (Reuters)

La vacuna de AstraZeneca, llamada por su nombre experimental AZD1222, combina una versión debilitada de un virus del resfriado común que infecta a los chimpancés y una proteína del virus que hace que el COVID-19 induzca una respuesta inmunitaria.

AZD1222 fue co inventado por la Universidad de Oxford y su empresa spin-out, Vaccitech. Utiliza un vector viral de chimpancé deficiente en replicación basado en una versión debilitada de un virus del resfriado común (adenovirus) que causa infecciones en chimpancés y contiene el material genético de la proteína de la espiga del virus SARS-CoV-2. Después de la vacunación, se produce la proteína de pico de superficie, preparando al sistema inmunitario para atacar el virus SARS-CoV-2 si luego infecta el cuerpo.

La desarrollada por investigadores de Sinopharm, es la primera vacuna en utilizar un inmunógeno proteico. Esencialmente, es una vacuna COVID-19 inactivada con virus completo, un enfoque diferente de lo que están haciendo otros candidatos avanzados.

Se trata de una de las vacunas que utiliza virus inactivado, una versión muerta del germen que no produce enfermedad pero genera anticuerpos y que ya se utiliza en varias vacunas como las de la gripe, hepatitis A, polio y la rabia.

Consultado por Infobae, el biólogo y doctor en ciencias Federico Prada explicó que “la tecnología aplicada en esta vacuna consiste en la utilización de virus inactivado obtenido de pacientes de Wuhan, que fue aislado en células vero en cultivo”. “Esa amplificación fue inactivada y utilizada para realizar clarificada, es decir como si estuviera purificado el virus y usada para la inmunización”, agregó el director de la licenciatura Bioinformática y la licenciatura en Biotecnología de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

Y tras señalar que “es una técnica más antigua, pero puede tener excelentes resultados”, ahondó: “La célula vero básicamente es “la fábrica de virus que se utiliza in vitro para amplificar el nuevo coronavirus aislado de los pacientes. Son células que pertenecen a epitelio de riñón de mono verde africano y es una célula que se utiliza mucho en el laboratorio a nivel de investigación, pero a nivel farma biotech, es decir farmacéutico y biotecnológico a nivel industrial se la utiliza como una excelente línea celular para amplificar distintos tipos de virus, y en especial en el nuevo coronavirus funciona muy bien y es una de las herramientas que existen hoy en día para poder propagar el virus de manera in vitro”.

La vacuna de Janssen, de Johnson & Johnson utiliza -al igual que Sputnik- utiliza adenovirus humanos como vector para transportar el antígeno, que es la proteína spike o proteína espiga, la que le da al virus el aspecto de corona. Al ingresar este adenovirus al organismo, el sistema inmunológico “detecta” esa parte del virus y genera los anticuerpos.

La vacuna emplea la plataforma del adenovirus no replicante Ad26 que ya ha sido ensayada en las vacunas frente al virus Ébola, HIV, virus respiratorio sincitial y Zika, administrándose a más de 100.000 personas.

Una de las principales dudas es la relacionada con la falta de tiempo de investigación para estudiar los posibles efectos genéticos de las nuevas vacunas de ARNm

– ¿Pueden modificar nuestro ADN las de ARNm, como las producidas por Pfizer-BionNtech y Moderna?

Según explicó Borini, “se sabía que el ADN nuclear de transcribia en ARNm citoplasmático gracias a una enzima llamada transcriptasa. Pero se sospechaba el camino inverso, que confirmaron los biologos Howard Temin y David Baltimore, cuando ganaron el Premio Nobel en 1975 por descubrir que esto es lo que hacía la enzima transcriptasa inversa”.

“O sea, la transcripción de ARN en ADN está probada hace 50 años. La industria debería responder si esto puede pasar con sus vacunas. Y sus consecuencias”, agregó.

Según el especialista, “este ingreso al núcleo se puede realizar en células madres que pueden reemplazar al tejido original. Si son células del cuerpo (somáticas) su vida termina con la muerte de la persona, pero si son células germinales, el ADN así ingresado se aloja en óvulos y espermatozoides transmitiéndose a la descendencia, de manera que los hijos lo recibirían como carga genética y entonces desconocerían al coronavirus, quedando indefensos por falta de reacción de su inmunidad natural”.

Por el contrario, Debbag aseguró que “está absolutamente documentado que no puede producir ninguna alteración en la genética de la persona vacunada ni enfermedades relacionadas con modificaciones genéticas”.

– ¿Qué reacciones adversas deberían considerarse normales?

La Escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos publicó un detallado informe sobre qué se puede esperar de los efectos secundarios de la vacunas contra COVID-19. El doctor William Moss de dicha institución explicó que los efectos secundarios pueden variar según el tipo de vacuna COVID-19 que se suministre.

“Sabemos más sobre los efectos secundarios después de la vacunación con las vacunas de ARN mensajero (o ARNm) de Pfizer y Moderna, en donde el más común es dolor en el lugar de la inyección. Otros incluyen fatiga, dolor de cabeza, dolores musculares, escalofríos, dolor en las articulaciones y posiblemente algo de fiebre”, explicó el experto, que indicó que dichos efectos duran de 24 a 48 horas y no más de unos pocos días, y que los mismos fueron más frecuentes después de la segunda dosis en los ensayos previos.

“Estos efectos secundarios son típicos de la inflamación inducida por las vacunas y son un signo de la respuesta inmunitaria del cuerpo a la vacuna. Algunas vacunas son más reactogénicas, término que se usa para describir este tipo de efectos secundarios, y algunas personas tienen reacciones más graves que otras. Los efectos secundarios de las vacunas COVID-19 son similares a los que se observan después de la vacuna contra el herpes zóster”, puntualizó el especialista y remarcó que los mismos fueron menos frecuentes y graves en adultos mayores de 55 años en los ensayos de la vacuna.

Dentro de las reacciones esperables se pueden presentar con la vacuna Sputnik se encuentran dolor en el sitio de inyección, hiperemia, hinchazón. También reacciones sistémicas: síndrome pseudogripal de corta duración de inicio dentro de las 24 a 48 horas (caracterizado por escalofríos, fiebre, artralgia, mialgia, astenia, malestar general, cefalea) o menos frecuentes síntomas gastrointestinales (náuseas, dispepsia, disminución del apetito). Estas reacciones tienen una duración promedio de 24 hs de duración.

Ante la consulta de este medio, Borini resumió como efectos esperables “solamente molestias leves, muy transitorias y tolerables, que cedan por sí solas sin dejar secuelas, y que no aumenten la susceptibilidad, de manera que la persona vacunada no quede predispuesta a tener reacciones graves cuando tome contacto con el agente del que se la pretendió proteger”.

En ese sentido, resaltó que “no se sabe qué ocurrirá si la vacuna se administra a quien tiene anticuerpos contra el SARS-CoV-2”. “Se ha observado, por ejemplo con la vacuna antitetánica, una reacción exagerada (Fenómeno de Arthus) cuando la vacuna se aplica a quien tiene un exceso de anticuerpos previos contra el tétanos -precisó-. De manera que lo lógico sería vacunar a quien no tiene anticuerpos para la enfermedad a prevenir”.

Y finalizó: “Estas son preguntas serias acerca de la seguridad, eficacia y dosis que deben responder los productores de vacunas bajo supervisión estatal”.

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